Juan ya puede pescar tranquilo.

Juan llevaba más de un año sin poder pescar. Esa era su gran pasión. No tenía tiempo. No encontraba un momento de tranquilidad y de sosiego para poder disfrutar de una jornada de pesca con total intensidad.

Juan es el propietario de una empresa de transportes y servicios logísticos que cuenta con treinta y nueve empleados. Hace meses, perdió una buena parte de su clientela por …  

… porque dejó de ser competitiva para ellos. No accedió a bajar los precios porque el coste de sus materias primas habían subido dramáticamente y no disponía de margen para ello. Siempre hay alguien dispuesto a bajar más…  pero ese no era el caso de Juan.

Poco después, dos fuertes impagados tensionaron la tesorería hasta el punto de tener que retrasar los pagos de salarios y las cuotas de renting de la flota. A duras penas podía atender, también con retrasos las cuotas de la hipoteca de la nueva nave, adquirida hace tres años.

A Juan le costó un mundo mantener la credibilidad para que sus acreedores siguieran confiando en la empresa. Lo mismo ocurría con sus empleados, muy distantes, incluso sus cargos de mayor confianza, puesto que ellos también necesitaban cobrar para mantener sus hipotecas al día.

Juan tenía que extraer fuerzas de flaqueza y sobreponerse cada día para seguir luchando bajo una sensación de impotencia tal que ni él mismo era capaz de ver un horizonte de futuro más o menos claro.  Era consciente de que estaba en juego todo su patrimonio, lo que tanto le había costado alcanzar.

Cuando ya parecía que no había ninguna salida, Juan contrató un Análisis de su Empresa a TACTIO, pero sin ninguna confianza de que a través del mismo se pudiera hallar alguna vía de solución. Nadie  conocía su propia empresa mejor que él y allí no había nada que hacer.

Su vida cambió desde entonces. Y de qué manera.

Le demostraron de un modo objetivo, que sus problemas tenían su origen en una grave carencia de fondo: Su empresa trabajaba para cumplir con el cliente, pero no tenía un rumbo marcado.

Jamás dispuso de poder de anticipación.  Su capacidad directiva estuvo lastrada por este hecho y sus  principales decisiones, sobre precios, inversiones en flota, estructura, superficie para operaciones..., fueron tomadas por intuición y mimetismo con el entorno, no por razones objetivas de medición sobre su verdadero alcance.

TACTIO le ayudó a gestionar los cambios necesarios para dar la vuelta a una situación que se había vuelto muy tensa y peligrosa para el futuro inmediato. Había margen para reconducir las cosas, pero sin margen para errores o dilaciones. El consultor asignado, concibió un Plan de choque minuciosamente elaborado para ser creíble y realizable desde el pragmatismo. No había red.

Con mucha serenidad y utilizando toda la capacidad de comunicación de que fue capaz, el Consultor de TACTIO desplegó un Plan de trabajo en el que todos los miembros de la plantilla, incluído Juan, actuaron como un solo cuerpo.

Se pudo parar el golpe. Y se activaron nuevas herramientas, nuevas instrucciones, y directrices y poco a poco, con un nuevo estilo orientado ahora a unos Objetivos muy claros.

La empresa consiguió nuevos clientes en nuevos mercados, gracias una apuesta por la especialización en aquellos servicios que se demostraron rentables. Ya se conocían los costes, y el margen de maniobra que permitía cada operación.

Se había recobrado la confianza con sus proveedores, y su personal. La empresa, estaba organizada bajo una secuencia lógica de funciones y responsabilidades, en la que cada cual tenía muy claro su rol y su objetivo.

Un día, casi por sorpresa, Juan se dió cuenta de que podía irse a pescar sin que ocurriera nada grave…